Oportunidades en el Sur

Claudia Fonseca Sosa

Latinoamerica-y-china

Durante la primera jornada de la Reunión de los Coordinadores Nacionales de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se aprobó el establecimiento de un Foro de Cooperación con China, que servirá para fortalecer e institucionalizar las relaciones de diversos tipos entre ambas regiones.

Aunque restan aún los vistos buenos de los Cancilleres del bloque y de los Jefes de Estado y de Gobierno que se reunirán en la II Cumbre de la CELAC el 28 y 29 de enero, el entendimiento alcanzado por los coordinadores en la primera jornada evidencia que existe consenso en la región para potenciar las relaciones con el gigante asiático.

El nuevo instrumento se sumaría al mecanismo de diálogo a nivel de ministros de Relaciones Exteriores de China y la CELAC creado en el 2012, el cual se reúne una vez al año.

En los últimos años, China se ha consolidado entre los principales socios económicos de la mayor parte de las naciones al sur del Río Bravo. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el gigante asiático figura hoy como la principal fuente de crecimiento de las exportaciones en esta región bendecida con cuantiosos recursos naturales pero que históricamente ha sido expoliada por las grandes potencias.

Aún en un contexto internacional de crisis, el pasado año China logró acumular un Producto Interno Bruto de 9,4 billones de dólares, en buena medida debido a la exportación de bienes de consumo y las inversiones. Además, la nación oriental posee las mayores reservas de divisas del planeta y sus proyecciones en cuanto al relacionamiento con el mundo en desarrollo se caracterizan por seguir el modelo de igual-igual.

El Consejo de Estado de Beijing emitió en el 2008 un libro blanco titulado Política de China hacia América Latina y el Caribe, en el cual planteó establecer la asociación de cooperación integral basada en la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo conjunto.

Mientras, la región latinoamericana y caribeña es un importante nicho de materias primas, incluyendo la quinta parte de las reservas mundiales de petróleo. Si se asume de conjunto, la suma de las 33 economías nacionales del área constituye la tercera más grande a nivel mundial, con 6,06 billones de dólares. Su ritmo de crecimiento ha sido estable, llegando a superar el promedio medio global en el 2012 (3,1%).

China, Amé-rica Latina y el Caribe se complementan. Si en los años 90 el intercambio comercial entre ambos actores era de apenas 200 millones de dólares, en el 2012 superó los 200 mil millones de dólares.

Por otra parte, en el periodo 2009-2012 los bancos chinos prestaron alrededor de 50 mil millones de dólares a América Latina y el Caribe, cifra que superó lo otorgado a la región por EE.UU., el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

Desde el 2001 el comercio latinoamericano con China ha tenido un incremento anual medio superior al 30 %. Ambos socios han hecho progresos considerables en la cooperación en finanzas, recursos, energía, infraestructura, alta tecnología y agricultura, además de lograr un intercambio cada vez más enriquecedor en lo cultural y lo humano.

Ejemplo de ello es el lanzamiento de satélites espaciales de factura china para las comunicaciones y la información en Venezuela y Bolivia, así como la implementación de un plan de inversiones del país asiático para la construcción de un Canal Interoceánico en Nicaragua, entre muchos otros.

Según Lynne Walker, vicepresidenta del Instituto de las Américas de Estados Unidos y directora del programa “China y América Latina”, el país asiático está abriendo su mercado a los productos latinoamericanos, especialmente a los de alto valor agregado, lo que favorecerá un desarrollo sano y armonioso de las relaciones económicas y comerciales entre las dos partes.

China abrió la Zona de Libre Comercio de Shanghai como un esfuerzo por ampliar el acceso a la inversión extranjera, hacer más accesible el sector financiero a las firmas foráneas, —incluidas las latinoamericanas—, y animar a las empresas e individuos de China a invertir en el extranjero.

No obstante, las potencialidades de esa relación no se han aprovechado en toda su magnitud.

Según la CEPAL, para nuestros países el desafío radica en hacer las inversiones necesarias en infraestructura, innovación y recursos humanos, en aras de transformar la renta de los recursos naturales en formas variadas de capital humano, físico e institucional, que permitan elevar los niveles de productividad y competitividad.

De acuerdo con la especialista del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, la doctora Oneida Álvarez Figueroa, el Foro de Cooperación CELAC-China podría contribuir a formular un nuevo escenario internacional donde las relaciones Sur-Sur se tornan cada vez más valiosas.

Es importante que los latinoamericanos y caribeños veamos en la CELAC un mecanismo que nos llega, como sucede por ejemplo con el ALBA, que se traduce en la Misión Milagro y otros proyectos con beneficios sociales palpables. En eso China podría aportar de manera significativa, añadió Álvarez Figueroa en entrevista a Granma.

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