Sudán de Sur, ¿al borde de otra guerra civil?

CLAUDIA FONSECA SOSA

mapa sudán AFP 1

El país más joven del mundo sufre desde el pasado 15 de diciembre una crisis política que pudiera tornarse en una nueva guerra civil si no cesan la represión interétnica y la disputa incivilizada por el poder.

El alto al fuego se ha violado. Los rebeldes y las fuerzas leales al presidente sursudanés Salva Kiir se han acusado mutuamente de incentivar la violencia en Malakal, la capital del estado del Alto Nilo, rica en petróleo.

Según reporteros en el terreno, los enfrentamientos armados continúan en esa nación africana aun cuando desde enero ambos bandos negocian la paz en Addis Abeba, Etiopía. Ni los esfuerzos de los jefes negociadores, de la entidad mediadora africana —Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD, por sus siglas en inglés)— ni de la ONU han perdurado. Tampoco las tropas extranjeras han podido controlar la situación.

El país más joven del mundo sufre desde el pasado 15 de diciembre una crisis política que pudiera tornarse en una nueva guerra civil si no cesan la represión interétnica y la disputa incivilizada por el poder.

Ese día, el presidente Salva Kiir (de la etnia dinka) acusó al exvicepresidente Riak Machar (de la etnia nuer) de dirigir un intento de golpe de Estado en su contra. Aunque la acción pudo ser contenida por el Ejército, en los últimos meses la tensión entre las partes no ha hecho más que escalar.

La situación humanitaria es alarmante. Miles de personas han muerto mientras cientos de miles se van visto obligados a huir de sus hogares y refugiarse de la violencia desmedida en campamentos de la ONU, en iglesias u otras instituciones en las que no existen las condiciones necesarias para garantizar alimentos y atención médica a todos.

Distintas ONG han denunciado los crímenes y las violaciones a los derechos humanos cometidos por los bandos en duelo, así como el reclutamiento de niños soldados.

Para los analistas, la dimensión étnica del conflicto es especialmente alarmante en un país conformado por al menos 60 comunidades con costumbres y credos diversos, escindido de Sudán tras 20 años de guerra, dos millones de muertos y otro millón de refugiados.

Sudán del Sur obtuvo su independencia en junio del 2011. La joven nación es rica en petróleo y tiene alguna de las tierras más fértiles de África, pero su desarrollo social e infraestructural es muy pobre. Más del 70 % de sus ciudadanos tiene menos de 30 años y muy pocos saben leer y escribir, por tanto solo han conocido la guerra y ven en la violencia “la opción más viable” para resolver sus diferencias.

De acuerdo con datos históricos, la guerra civil de los años ochenta y noventa fue una carnicería entre los múltiples grupos étnicos de la región —entre ellos los dinka y los nuer— que luchaban por obtener sus cuotas de poder político y social en el futuro Estado. Ese conflicto tuvo una extensión en los primeros años del siglo XXI, que estuvo marcada además por la injerencia de Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Una vez lograda la independencia, las rencillas entre tribus “se barrieron debajo del tapete” y las tentativas de re-conciliación nacional nunca fructificaron. Los líderes militares durante la guerra pasaron sin transición a ser las figuras políticas del nuevo país. Hombres como Salva Kiir y Riek Machar se reencontraron en el Ejecutivo y el Parlamento. La situación había cambiado, sin embargo, ellos seguían siendo los mismos.

Medios de prensa locales señalan que poco tiempo antes de la intentona golpista, Machar acusó al presidente de haber adoptado “posturas dictatoriales” durante su administración. En el contexto de una reunión del máximo órgano directivo del partido gobernante (Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán), el entonces vicepresidente se presentó como un “defensor de la verdadera democracia” y anunció su intención de concurrir a las elecciones presidenciales del 2015. A Kiir esta actitud le supo a trago amargo. En julio, Machar fue destituido.

La prensa también afirma que desde hacía tiempo Kiir venía frustrando las iniciativas del exvicepresidente en los órganos gubernamentales.

Pero lo cierto es que la salida de Machar y de los ministros que le eran fieles del gobierno puso en evidencia la disputa que mantiene ambos líderes por las riendas de la vida política y económica de Sudán del Sur. Su enemistad dio pie, asimismo, a la confrontación que ya se está dando entre los dos grupos étnicos más numerosos e importantes del país, los dinka y los nuer.

Y es que el futuro es incierto para Sudán del Sur. Ahora el gobierno ha propuesto trasladar la sede de las negociaciones de paz para la capital del país, Juba, con el propósito de que todas las partes interesadas participen en las rondas de diálogo.

Por su parte, la IGAD propuso una amplia agenda para las negociaciones, que aborda temas como la reconciliación nacional, la ayuda humanitaria, el restablecimiento de la seguridad, la democracia y la revisión de la Constitución. Sin embargo, la violación del alto al fuego este martes no nos permite ser muy optimistas.

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