Atrocidades religiosas en la República Centroafricana

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Claudia Fonseca Sosa

La República Centroafricana ha vuelto a caer en una espiral de violencia e ingobernabilidad. Violaciones, decapitaciones, torturas, destrucción de infraestructuras… son solo algunas de las atrocidades que detallan los testigos, como consecuencia de una guerra con matices religiosos.

Desde el golpe de Estado perpetrado en marzo del 2013 por la coalición rebelde Séléka, la situación interna ha sido caótica. Organizaciones humanitarias denuncian que la represión sectaria se extiende por todo el país, lo cual imposibilita que la asistencia llegue a las regiones más intrincadas.

Cientos de miles de civiles se han visto obligados a abandonar sus casas en el último año, dejando atrás aldeas enteras vacías, según la Agencia para los refugiados de la ONU. La situación es extremadamente dramática en la capital, Bangui, donde se calcula que más de un millón de personas necesitan ayuda para alimentarse y cubrir sus necesidades básicas.

“En este clima de miedo y de violencia generalizada, la gente huye hacia el interior del bosque y trata de reagruparse con otras personas para tratar de sentirse más a salvo. En Bossangoa, alrededor de 28 mil ciudadanos han sido acogidos en la misión católica, lo cual sobrepasa en mucho la capacidad real de este lugar”, relata desde el sitio Médicos Sin Fronteras.

“Todas estas personas no disponen de refugio y duermen donde pueden. Viven en una situación de enorme precariedad y se ven obligados a cocinar, comer, dormir, lavarse y defecar en el mismo lugar. Con estas condiciones de higiene tan desastrosas el riesgo de que surjan epidemias se incrementa enormemente”, añade la ONG, citada por el portal AfroNews.

Séléka había sido “oficialmente disuelta” como parte del plan de transición democrática presentado por el líder golpista Michel Djotodia poco después del derrocamiento de Francois Bozize, pero elementos reaccionarios que la conformaban continuaron realizando ataques contra la población no musulmana (75 %), lo cual condujo a la formación de grupos de autoprotección entre cristianos conocidos como “antibalakas” (antimachete, según dialectos locales).

Miembros del Gobierno depuesto afirman que entre los altos mandos de Séléka hay mercenarios de Darfur, Sudán, Nigeria y Chad.

Lo que sucede ahora es prácticamente una “cacería” entre un bando y otro. Ni el ejército ni ninguna fuerza internacional de pacificación han podido controlar el auge de los rebeldes ni de las milicias cristianas.

En Naciones Unidas se discute cómo solucionar la crisis en esta nación, de pobre desarrollo socioeconómico pero rica en maderas preciosas y recursos minerales como el oro, el diamante y el uranio.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha autorizado el envío de 11 mil 800 ‘cascos azules’ para ayudar a poner fin a las atrocidades que tienen lugar en ese país.

Los cascos azules relevarán en cinco meses a seis mil soldados de la fuerza africana (Misca), que desde hace meses junto a dos mil militares franceses ocupan esta antigua colonia francesa en una operación conocida como Sangaris.

El inicio del despliegue de efectivos de los cascos azules fue fijado para el 15 de septiembre. La misión, cuyo jefe deberá ser un africano, se extenderá hasta el 30 de abril del 2015.

Las prioridades de la misión, que también incluye a civiles (administradores, ingenieros, abogados), serán proteger a la población y a los servicios de ayuda humanitaria, el mantenimiento del orden, el apoyo a la transición política, la detención de responsables de abusos, incluidos crímenes de guerra punibles por la Corte Penal Internacional.

Además de la alarmante situación humanitaria, el conflicto podría extenderse a países vecinos como la República Democrática del Congo (envuelta también en una crisis político-militar hace más de 15 años), así como disparar la criminalidad regional, pues por el territorio de la República Centroafricana confluyen rutas de tráfico de armas.

LA VOZ DE UNA VÍCTIMA

Marie-Hélène trabajaba como enfermera de hospital en Bossangoa, una ciudad extendida por ambas orillas del río Ouham a unos 300 kilómetros al norte de Bangui. Era un lugar donde cristianos y musulmanes habían vivido felizmente unos al lado de otros durante generaciones.

Madre de nueve hijos, ella vivía con sus hijos y padres en la aldea Baton, a 10 km de Bossangoa. Su padre era un sacerdote que estaba muy ocupado los domingos con la gran congregación que acudía a misa. Como otros, se preocuparon cuando el Séléka, una coalición rebelde predominantemente musulmana, capturó la capital Bangui en marzo del 2013, pero nunca pensaron de verdad que el conflicto llegaría hasta ellos.

El pasado septiembre las fuerzas del Seléeka atacaron su aldea. Marie-Hélène y su familia huyeron a la residencia del arzobispo en Bossangoa, donde permanecían más de 10.000 cristianos asustados.

El 6 de octubre, domingo, la familia decidió volver a Baton debido a que su padre estaba decidido a no faltar a misa. Mientras la familia se sentaba en un huerto de mangos, el anciano sacerdote fue a la iglesia y tañó la campana para llamar a su congregación. En vez de ella, el Seleka apareció.

“Vimos un coche del Seleka acercándose más y más a la capilla. Varios hombres armados entraron y oímos los disparos”, dijo Marie-Hélène.

Ella y sus hermanos solo fueron capaces de entrar a la capilla cuando el Seleka se fue al día siguiente. Marie-Hélène recogió el cuerpo de su padre, trozo a trozo, antes de enterrarlo en su capilla.

“Nunca más volveré a ese lugar”, asegura.

UNA PRESIDENCIA CON MANO DURA

La presidenta interina, Catherine Samba-Panza, ha asegurado que hará todo lo posible para devolver la estabilidad a la nación, restaurar el estado de derecho y recuperar la economía nacional. También se ha pronunciado por la realización de programas que garanticen la educación a todos los niveles, así como el fortalecimiento del sistema de salud y el acceso de ayuda humanitaria a las poblaciones más desfavorecidas. Sin embargo, no cuenta con tanto tiempo para llevar a buen término todos sus planes. Está previsto que la República Centroafricana celebre elecciones generales en el primer semestre del 2015.

No obstante, Samba-Panza si ha prometido que habrá mano dura con los culpables de la violencia una vez que la Corte Penal Internacional concluya sus investigaciones.

“Lo normal es que las violaciones masivas de los derechos humanos no queden impunes, porque sin justicia no podremos traer la paz a la República Centroafricana. Todos deberán responder por sus actos, eso es todo. Un cierto número de personalidades han realizado una serie de actos reprochables y van a responder por dichos actos. Yo no voy a proteger a bandidos, políticos o agitadores que han llevado al país a la situación en la que nos encontramos en estos momentos. No protegeré a nadie, cada uno responderá por sus actos ante el tribunal internacional”, dijo.

Según ella, la violencia entre cristianos y musulmanes tiene sus raíces en la pobreza. “Cuando una parte de la población siente que no progresa, que no tiene la misma oportunidad de acceso que otros ciudadanos, se siente frustrada, lo cual conduce a que la gente se refugie en su identidad y eso lleva a la explosión social. Y por supuesto, alguna gente manipula eso, especialmente el aspecto religioso”, destacó.

 

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Una respuesta a Atrocidades religiosas en la República Centroafricana

  1. Si se hurga un poquitico nada más, sabremos quienes son los instigadores de esas matanzas; de aparente origen étnico hace 20 años y aparente orígen religioso ahora. Sencillamente van por el oro, el uránio, los diamantes y todos los demás recursos naturales del país. ¿En manos de quienes está el control de los diamantes y del oro?, ¿quiénes van a por los recursos energéticos y el uranio?. Los mismos de siempre. Unos dando la cara y otros empujando por debajo de la mesa. Gracias, Molina

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