Con los ojos en el Norte del mundo

El Ártico deviene posible escenario de enfrentamientos por los recursos que esconden sus aguas, cada vez más transitables producto del cambio climático

El Ártico deviene posible escenario de enfrentamientos por los recursos que esconden sus aguas, cada vez más transitables producto del cambio climático

Claudia Fonseca Sosa

Una guerra “muy fría”. Así califican algunos analistas de la geopolítica el conflicto que pudiera generar la división territorial del Ártico, una región que esconde valiosos recursos energéticos bajo sus heladas aguas y desde donde se miran frente a frente algunas de las naciones más poderosas del planeta.

A nuestros lectores esta afirmación pudiera parecerles en exceso alarmante, pero lo cierto es que en este siglo XXI el Ártico ya es visto como un jugoso pastel que debe repartirse. Como consecuencia del cambio climático, los hielos boreales están desapareciendo. Surgen entonces nuevas rutas de navegación y la posibilidad de explotar las que podrían ser las mayores reservas vírgenes de petróleo y gas en el mundo.

La situación geopolítica es compleja. En principio, el Ártico es territorio neutral bajo control de las Naciones Unidas desde 1996. Existe un Consejo Ártico conformado por los cinco países ribereños —Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega—, más Islandia, Suecia y Finlandia, que no tienen costas implicadas. Otros estados europeos y asiáticos son miembros observadores, incluido China.

Este organismo no tiene capacidad normativa ni regulatoria y su único fin es promover la cooperación, la coordinación y la interacción entre los estados cercanos al Ártico. De hecho, ni siquiera ha servido para que Suecia, Finlandia e Islandia consigan una cesión de derechos territoriales de sus cinco grandes colegas.

Sin embargo, cada uno de estos actores pretende esgrimir derechos sobre los fondos marinos y sus recursos.

¿Qué sabemos sobre el Ártico?

Generalmente vemos al Ártico como un gran océano circular cercado por masas de tierra. Pero para el oceanógrafo español Carlos Duarte esta es una de las primeras falsas percepciones que tenemos sobre esa parte del planeta.

Este experto ha realizado múltiples viajes a las regiones polares y regresó recientemente de una expedición científica a las islas Svalbard. De acuerdo con sus datos, “habría que ver al Ártico como una especie de Mediterráneo, un mar interior rodeado por continentes y abierto por unos pequeños estrechos que lo comunican con el Atlántico y el Pacífico”.

En su opinión, es muy posible que no transcurran muchos años para que veamos convertido al Ártico en algo así como el Báltico, “un mar que tiene hielo durante el invierno, pero que después lo pierde y se hace navegable durante meses”.

Hace años, los científicos aseguraban que el cambio climático podría dejar el Polo Norte sin hielo veraniego hacia el 2100. Ahora, hay estudios que aventuran que eso ocurrirá entre el 2030 y el 2040.

Según los cálculos del U.S. Geological Survey, se estima que el 22 % de las reservas de hidrocarburos del mundo que faltan por descubrir se encuentran en los fondos marinos del Ártico. En esa misma zona se cree que yace el 13 % del petróleo y el 30 % de las reservas del gas inexploradas.

Por otra parte, se predice que para el 2040 podríamos navegar a través del Ártico, no bordeándolo. Las nuevas rutas acortarían más de un 30 % de las tradicionales vías para ir desde Europa y América hasta Asia. De esta forma se ahorraría dinero y tiempo, a la vez que se evitarían otras vías de Asia y África, cada día más peligrosas por la piratería.

¿La guerra del futuro?

Aun cuando el escenario se dibuja prometedor, jurídicamente hablando también es complicado.

A diferencia de la Antártida, que está protegida de toda actividad económica y militar por un tratado internacional firmado en 1959, el Ártico carece de toda regulación. Son 14 millones de kilómetros cuadrados que han estado libres de toda intervención, hasta ahora.

La única norma que rige es la Convención de la ONU del Derecho del Mar, que data de 1982. Esta permite a los países ribereños reclamar una zona económica por encima de las 200 millas náuticas (370 kilómetros) que corresponden a sus aguas territoriales. Esta cifra pudiera elevarse hasta las 350 millas si su plataforma continental se prolonga más allá de esos límites.

De este modo, solo los que se asoman a las aguas del Ártico están en disposición de reclamarlo como suyo. Y, como es lógico, Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega, han aumentado en los últimos años las gestiones para definir sus límites.

Como era de esperar, Estados Unidos está jugando sus cartas. El Pentágono ha diseñado una nueva estrategia para marcar prioridades y alianzas. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, ha remarcado que los cambios que se están produciendo modificarán los equilibrios de poder en una región hasta ahora olvidada. También ha alertado que históricamente este tipo de descubrimientos han conducido a conflictos.

Por otra parte, en el año 2001 Rusia reclamó casi la mitad del espacio oceánico ártico argumentando que la cordillera submarina Lomonosov —más de 1 600 kilómetros que cruzan el Polo— arranca de la plataforma continental rusa y, por tanto, las aguas que las cubren deben atribuirse a su país.

Dinamarca dice que la cordillera Lomonosov no arranca de Rusia, sino de Groenlandia, es decir, de territorio danés. Canadá también reclama territorios muy hacia el interior del océano y, además, realiza con periodicidad maniobras militares en el área.

En cuanto a Noruega, ha firmado acuerdos con Moscú que le permitirían beneficiarse de la idea rusa sobre de la cordillera Lomonosov.

¿Qué sucederá? Es difícil saberlo. Expertos creen que los participantes del Consejo Ártico van a luchar entre sí en el futuro próximo. Sin embargo, hay quienes aseguran que la guerra de posiciones ya ha empezado.

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2 respuestas a Con los ojos en el Norte del mundo

  1. Francisco Porto dijo:

    Es una seria responsabilidad con las generaciones futuras. Muchas veces egoístas intereses económicos tratan de minimizar el impacto del cambio climático.
    Si bien es necesario considerar las necesidades de la economía, no es posible poner en segundo término la propia supervivencia del planeta.
    Por cierto, que uno de los elementos a tener en cuenta es la contaminación creada por los desechos plasticos, que demoran siglos en degradarse.

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  2. que consecuencias ecologicas se preveen?

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