Nueva Delhi, una y muchas

hilo Holi

Por Alberto Salazar, corresponsal de Prensa Latina en India

NUEVA DELHI.—Centros de meditación yoga o templos y mezquitas donde no se escucha un suspiro, al borde de avenidas que se estremecen por los bocinazos de los vehículos y el voceo de los vendedores ambulantes.

Un tráfico caótico regido por la ley del que llega primero, pero donde las vacas tienen prioridad de vía y hasta se permiten tenderse en el asfalto sin que nadie siquiera ose pedirles amablemente librar el paso.

Comercios faraónicos de pisos marmolados y doradas lámparas de techo, y en la otra cuadra, tiendecillas con pisos de tierra y lámparas de aceite.

Olores a incienso y a mil maderas aromáticas mezclándose con el smog y con el humo de la basura que los vecinos queman por doquier.

Colosales bibliotecas y centros de investigación a cuyo frente pululan vendedores analfabetos de periódicos o de estampas religiosas.

Hindúes, musulmanes, sijs, budistas, cristianos, gente de todos los credos y filosofías que suman casi 17 millones de almas y conviven pacíficamente aunque puertas adentro cada cual hace valer sus propias leyes y tradiciones.

Las muchas ciudades llamadas Nueva Delhi son una síntesis de la India, un país que con un millón de millonarios y más de la tercera parte de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza extrema, intenta salir de un Tercer Mundo cuyas marcas son tan visibles como dolorosas.

A62A4256

De su diversidad hablan hasta las piedras, con todo y su proverbial mudez: junto a rascacielos recién construidos, sobreviven las ruinas de monumentos anteriores a Cristo, y los barrios de la emergente burguesía florecen en torno a las primeras fortalezas que defendieron a la ciudad del invasor extranjero.

También las vestimentas dicen mucho sobre su multiplicidad, pues de una ojeada puede distinguirse al hindú con sus largos camisones llamados kurtas, o al sij con unos turbantes de mil vueltas que no se quitan delante de extraños.

Igual pasa con las mujeres. Las discretas musulmanas siempre llevan el rostro cubierto por la burka, mientras las hindúes, ufanas dentro de sus coloridos saris, lo llevan al descubierto y por lo regular con el famoso bindi en el entrecejo.

Mas sin importar su fe o condición social, los pobladores de esta descomunal urbe tienen muchas cosas en común.

Una de ellas es una suerte de ingenua curiosidad que los lleva a examinar sin recato a cuanto paseante les parece extranjero.

Pocos —y menos si son niños o jóvenes— se resisten a la tentación de preguntar “Where are you from?” (¿De dónde eres?), o de pedir al visitante que pose en una foto junto a ellos.

549371_421579854537081_100000552092254_1464975_1610914697_n

De esa aparente o real indiscreción los salva un detalle: los delhitas también son sumamente amables y, no importan cuán apurados estén, detienen el paso para indicar al forastero dónde queda tal o más cual lugar, aunque a veces ni ellos mismos estén seguros de la dirección correcta.

Las comidas son otra de las cosas que marca a la capital india y, sobre todo, a los paladares de los visitantes de países acostumbrados a sabores más neutros. Hasta algunas marcas de helados y yogurt contienen especias de las fuertes o tienen masala, una mezcla de todo cuanto picante hay en este mundo.

Como en el resto de la India, la mayoría de los capitalinos son vegetarianos. Y entre los que comen carne, algunos renuncian a la de res por razones religiosas (los hindúes) y otros a la de cerdo (los musulmanes).

El pescado no se salva ni de unos ni de otros, aunque no es un plato tan común y suele ser bastante caro según la especie. El salmón, prohibitivo.

A la hora de comer, lo común es hacerlo con las manos. Y con la derecha, porque la izquierda se reserva a tareas menos higiénicas. El uso de cubiertos es una práctica exclusiva de las familias más occidentalizadas.

Igual pasa con el inglés: aunque el hindi es la lengua oficial, los miembros de las clases más pudientes suelen recurrir a la de Shakespeare para comunicarse hasta los asuntos más triviales, como señal de su refinamiento y buena educación.

Se trata, empero, de un inglés tan “a la india” que a veces uno duda de si entendió o no lo que le dijeron.

Pero nada por qué preocuparse: al final de una estancia fugaz en Nueva Delhi, uno tampoco sabe cuántas ciudades visitó a la vez.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en India y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s