La pesadilla en Gaza

chomsky

Por Noam Chomsky, profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge. Tomado de La Jornada

Entre todos los horrores desplegados en la más reciente ofensiva israelí en Gaza, el objetivo de Tel Aviv es simple: volver, a la chita callando, a la norma.

En Cisjordania, la norma es que Israel continúe su construcción ilegal de colonias e infraestructura para poder integrar a su territorio cualquier cosa que pueda ser de valor, mientras confina a los palestinos en cantones inviables y los sujeta a represión y violencia.

En Gaza, la norma es una existencia miserable bajo un sitio cruel y destructivo, que Israel administra para permitir apenas la subsistencia, pero nada más.

La más reciente escalada israelí fue disparada por el brutal asesinato de tres muchachos de una comunidad de colonos en Cisjordania ocupada. Un mes antes, dos chicos palestinos fueron muertos a tiros en la ciudad de Ramalá, en esa misma zona. Ese hecho despertó poca atención, lo cual es entendible, puesto que es rutina.

“El desdén institucionalizado por la vida de los palestinos en Cisjordania explica no solo por qué recurren a la violencia –escribe Mouin Rabbani, analista de Medio Oriente–, sino también el más reciente ataque israelí a la franja de Gaza.”

En una entrevista, el defensor de derechos humanos Raji Sourani, que ha permanecido en Gaza durante los años de brutalidad y terror israelí, señaló: “La frase que con más frecuencia escuchaba cuando la gente empezaba a hablar de un cese el fuego era: ‘todos dicen que es mejor para nosotros morir y no regresar a la situación que teníamos antes de esta guerra. No queremos eso de nuevo. No tenemos dignidad ni orgullo; solo somos blancos fáciles, y muy baratos. Si la situación no mejora en verdad, es mejor morir’. Hablo de intelectuales, académicos, personas comunes y corrientes. Todos lo dicen”.

En enero de 2006, los palestinos cometieron un crimen grave: votaron por quien no debían en una elección libre cuidadosamente vigilada, y entregaron el control del parlamento a Hamas.

Los medios proclaman constantemente que Hamas está dedicado a la destrucción de Israel. En realidad, los líderes de Hamas han dejado en claro en repetidas ocasiones que aceptarían una solución de dos estados, de conformidad con el consenso internacional que ha sido bloqueado por Estados Unidos e Israel durante 40 años.

En contraste, Israel, fuera de unas cuantas palabras vanas, está dedicado a la destrucción de Palestina, y se aplica en ese cometido.

El crimen de los palestinos en enero de 2006 fue castigado de inmediato. Estados Unidos e Israel, con la vergonzosa adhesión de Europa, impusieron severas sanciones a la población errante e Israel incrementó su violencia.

Rápidamente, Estados Unidos e Israel empezaron planes para un golpe militar que derrocara al gobierno electo. Cuando Hamas tuvo el descaro de revelar los planes, los ataques israelíes y el sitio se volvieron mucho más severos.

No debería haber necesidad de revisar el deplorable historial de lo ocurrido desde entonces. El sitio implacable y los salvajes ataques son acentuados por episodios de cortar el césped, para tomar prestada la alegre expresión con que designa Israel sus periódicos ejercicios de tirotear a los peces en el estanque como parte de lo que llama guerra de defensa.

Una vez que cortan el césped y los desesperados pobladores buscan reconstruir algo después de la devastación y los asesinatos, se acuerda un cese del fuego. El más reciente se estableció después del asalto israelí de octubre de 2012, llamada operación Pilar de Defensa.

Aunque Israel mantuvo el sitio, Hamas observó la tregua, como concede Tel Aviv. Las cosas cambiaron en abril de este año, cuando Fatah y Hamas forjaron un acuerdo de unidad que instauró un nuevo gobierno de tecnócratas, sin afiliación a ninguno de los dos partidos. Naturalmente, Israel estaba furioso, y más aún cuando hasta el gobierno de Obama se unió a Occidente en indicar aprobación. El acuerdo de unidad no solo socava la aseveración de Israel de que no puede negociar con una Palestina dividida, sino también amenaza el objetivo de largo plazo de separar Gaza de Cisjordania y proseguir sus políticas destructivas en ambas regiones.

Algo tenía que hacerse, y la ocasión se presentó el 12 de junio, cuando los tres jóvenes israelíes fueron asesinados en Cisjordania. En un principio el gobierno de Netanyahu sabía que estaban muertos, pero fingió que lo ignoraba, lo cual dio la oportunidad de lanzar una incursión en Cisjordania, con Hamas por objetivo.

El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó tener cierto conocimiento de que Hamas era el culpable. También resultó mentira.

Una de las principales autoridades sobre Hamas, Shlomi Eldar, informó casi de inmediato que muy probablemente los asesinos procedían de un clan disidente de Hebrón que desde hace mucho tiempo ha sido una espina en el costado de Hamas. Eldar añadió: Estoy seguro de que no recibieron luz verde de la dirigencia de Hamas; solo les pareció que era momento de actuar.

Sin embargo, la escalada de 18 días después del secuestro logró minar el temido gobierno de unidad, e incrementó drásticamente la represión israelí. Israel también llevó a cabo docenas de ataques en Gaza, y el 7 de julio dio muerte a cinco miembros de Hamas.

Al final Hamas reaccionó disparando sus primeros cohetes en 19 meses, lo cual dio pretexto a Israel para lanzar su operación Borde Protector el 8 de julio.

Al 31 de julio se había dado muerte a unos mil 400 palestinos, en su mayoría civiles, entre ellos cientos de mujeres y niños. Y a 3 civiles israelíes. Grandes áreas de Gaza habían quedado reducidas a escombros. Cuatro hospitales habían sido atacados; cada ataque fue un crimen de guerra más.

Funcionarios israelíes exaltan la humanidad del que llaman el ejército más ético del mundo, que informa a los habitantes de que sus hogares serán bombardeados, práctica que es sadismo disfrazado santurronamente de piedad, en palabras de la periodista israelí Amira Hass: Un mensaje grabado demanda a cientos de miles de personas que dejen sus hogares ya elegidos como blancos, por otro lugar igualmente peligroso ubicado a 10 kilómetros de distancia.

De hecho, no hay lugar en la prisión de Gaza que esté a buen resguardo del sadismo israelí, que puede incluso exceder los terribles crímenes de la operación Plomo Fundido de 2008-09. Las terribles revelaciones suscitaron la reacción acostumbrada del presidente más moral del mundo, Barack Obama: gran simpatía por los israelíes, acerba condena de Hamas y llamados a la moderación a ambas partes.

Cuando los ataques actuales se detengan, Israel espera quedar libre para continuar sin interferencia sus políticas criminales en los territorios ocupados, con el apoyo estadunidense que ha disfrutado en el pasado. Y los pobladores de Gaza quedarán en libertad de regresar a la norma en su prisión gobernada por Israel, en tanto en Cisjordania los palestinos podrán observar en paz cómo Israel desmantela lo que quede de sus posesiones.

Tal es el desenlace probable si Estados Unidos mantiene su apoyo decisivo y virtualmente unilateral a los crímenes israelíes y su rechazo al consenso internacional que desde hace tanto tiempo existe en torno a un acuerdo diplomático.

Pero el futuro sería muy distinto si Washington retirara ese apoyo. En ese caso sería posible avanzar hacia la solución duradera en Gaza a la que ha convocado el secretario de Estado John Kerry, la cual ha suscitado condena histérica en Israel porque la frase podría interpretarse como un llamado a poner fin al sitio y a los ataques constantes israelíes. Y –horror de horrores– la frase podría incluso interpretarse como un exhorto a aplicar el derecho internacional en el resto de los territorios ocupados.

Hace 40 años Israel tomó la fatídica decisión de elegir la expansión sobre la seguridad, rechazando un tratado total de paz ofrecido por Egipto a cambio de la evacuación del Sinaí egipcio ocupado, donde Israel emprendía proyectos intensivos de colonización y desarrollo. Desde entonces Tel Aviv se ha adherido a esa política.

Si Estados Unidos decidiera unirse al mundo, el impacto sería grande. Una y otra vez Israel ha abandonado planes anhelados si Washington se lo demanda. Así son las relaciones de poder entre los dos gobiernos.

¿Podría cambiar la política estadunidense? No es imposible. La opinión pública ha tenido un giro considerable en años recientes, en particular entre los jóvenes, y no puede ignorarse por completo.

Durante algunos años ha habido buen fundamento para las demandas públicas de que Washington observe sus propias leyes y reduzca la ayuda militar a Israel. La ley estadunidense estipula que no se puede brindar asistencia en seguridad a ningún país cuyo gobierno siga una pauta consistente de graves violaciones de los derechos humanos reconocidos internacionalmente.

Israel, sin duda, es culpable de esa pauta consistente, y lo ha sido por muchos años. El senador Patrick Leahy, de Vermont, autor de esa disposición legal, ha mencionado su aplicabilidad potencial a Israel en casos específicos, y con un bien dirigido esfuerzo educativo, de organización y de activismo, es posible impulsar con éxito tales iniciativas.

Eso podría tener un impacto muy significativo por sí mismo, y a la vez daría una plataforma para acciones ulteriores con el fin de obligar a Washington a volverse parte de la comunidad internacional y observar las normas del derecho internacional.

Nada podría ser más significativo para las trágicas víctimas de tantos años de violencia y represión en Palestina.

 

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2 respuestas a La pesadilla en Gaza

  1. Karel dijo:

    Se me olvidó algo. A pesar de la tremenda sabiduría y profundidad de Noam Chomsky, creo que peca de ingenuo (perdonen el atrevimiento) cuando dice que pudiera ser que los Estados Unidos podrían cambiar su política hacia el Estado de Israel. Se engañan quienes piensan que el Estado de Israel es verdaderamente un Estado independiente y soberano. Israel no es más que una prolongación del gobierno de los Estados Unidos en el Medio Oriente. De hecho más allá de eso: Israel es una prolongación en el Medio Oriente del poder real de los Estados Unidos, que no es el gobierno visible, sino los cárteles de banqueros, los grandes grupos financieros que organizan el circo electoral norteamericano y ponen a la marioneta de turno en la Casa Blanca, para que vocifere o diga elegantemente (según el perfil personal presidencial construido para los medios) lo que ellos quieren. El gobierno israelí salió de los lobbies judíos semi-mafiosos que ya tenían un notable poder en los Estados Unidos desde la década de 1930, cuando ellos y otros grupos de banqueros desataron (planificadamente) aquella crisis de 1929-1933 que concentró más todavía los medios de producción en las multimillonarias manos de unos pocos y que fue el catalizador del ascenso del fascismo en Europa como respuesta al ascenso de las izquierdas.
    El gobierno israelí se constituyó en 1948 con banqueros, empresarios judío-norteamericanos, grandes negociantes de toda laya y otras malas hierbas (gracias, Félix Mondiági). La cabeza visible y “respetable” fue aquel Ben-Gurión, pero el poder real, una vez más, estaba detrás de él, y no en el flamante territorio a ellos adjudicado, sino en los Estados Unidos, en las oficinas de los grandes accionistas en Nueva York, Chicago y Los Angeles, en el funesto FED, que es el organismo que se dice Federal y que no lo es y que controla la emisión del dólar estadounidense, en los cárteles petroleros, en el Complejo Militar-Industrial norteamericano, en el clan del acero de los EE.UU.
    El Estado de Israel es el brazo politiquero, armado, fascista y nuclear de los Estados Unidos en el Medio Oriente. Esperar que los Estados Unidos cambien su política hacia Israel, como quiere esperar Noam Chomsky, es como esperar que alguien se ampute a sí mismo una pierna, o una mano, porque los EE.UU. e Israel son simplemente la misma cosa, imbricada, pero en dos puntos distantes de nuestra querida, contaminada y única nave espacial (gracias Walter). Saludos.

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  2. Karel dijo:

    En el asunto Israel-Palestina se combina la mentira más flagrante de los israelíes con el fascismo más militante y el genocidio más horrendo que tiene lugar en el mundo de hoy. Los políticos israelíes proclaman en todas partes que no reconocen a Hamas como gobierno palestino (a pesar de que incluso admiten que fue democráticamente electo, en la urnas y bajo supervisión internacional), porque dicen ellos que Hamas no reconoce al Estado Israelí. Eso es MENTIRA. Hamas ha repetido varias veces, tal y como dice Chomsky, que están dispuestos a un arreglo de dos Estados, con el reparto de los territorios, e incluso admitiendo lo que debería ser inadmisible, una distribución de las tierras como quedó después de la primera gran ofensiva sionista en los años ’60, cuando en realidad, si nos atenemos al “Derecho” Internacional, la distribución de tierras debería ser la adjudicada en 1948, cuando se constituyó el entonces necesario pero actualmente nefasto Estado de Israel. Dice el embajador de Israel en España, mentirosamente, que Hamas no reconoce al Estado de Israel. Lo que sucede es que Hamas reclama con firmeza un mínimo irrenunciable: la existencia legal y real de un Estado Palestino, que es lo que el gobierno de Israel, en su PREPOTENCIA FASCISTA, se niega a reconocer y lo hace en la práctica.
    Lo otro es el diferente rasero de Israel, y por supuesto de los medios de difusión occidentales, para evaluar la importancia de los muertos. Parece que hay varios niveles de “seres humanos” para ellos. Según la retórica israelí y norteamericana, los palestinos no son seres humanos y sus muertes no cuentan. Por eso los dos jóvenes palestinos asesinados un mes antes de la desaparición de los tres hebreos, no importan a los medios. Esos son unos muertecitos cualquiera, un numerito más en el habitual genocidio sionista, no importan. ¡Ah! ¡Cuidado si pasa del otro lado! Los tres jóvenes israelíes muertos sí levantaron tremenda cobertura mediática, porque era, más que lamentable para el Estado de Israel, un excelente medio para proseguir y escalar su genocidio continuado contra Palestina, cuyo pueblo están decididos a exterminar poco a poco, emulando o superando a sus antiguos victimarios, los nazis de la Alemania hitleriana (siempre me acuerdo del poema de Luis Rogelio Nogueras que Silvio Rodríguez evoca cuando canta su ¡Halt, Sinuhé!
    Para los medios occidentales, y para los historiadores burgueses, los muertos de los pueblos no cuentan, son sólo estadísticas que es mejor engavetar. Pero cuando los muertos son gente rica, burgueses, banqueros, famosos repletos de dinero, entonces sí hay que dar bombo y platillo al asunto y hacer que la gente se horrorice.
    La muerte siempre es triste, y la muerte violenta siempre es condenable, venga de donde venga. Y si hubiera que elegir, que no debería ser, yo dedicaría mi tristeza y mi pesar a los muertos pobres, por encima de los ricos, por dos razones de un peso aplastante: porque siempre son muchos más (el coeficiente a multiplicar es de millares) y porque los pobres vienen sufriendo desde hace mucho más tiempo, como dijera un personaje de Víctor Hugo en “Los Miserables”, el Convencional, o sea, aquel militante de la Convención jacobina que Monseñor Bienvenu va a asistir a su muerte y que, en lugar de pedir la extremaunción del sacerdote para ir a los brazos de un Dios negligente o vengativo, le dió a éste una lección estremecedora de justicia social.
    Constantemente se está denigrando la imagen de los musulmanes en los medios occidentales. Una de las más recientes (ya no tanto) es la comedia “El Dictador”, que aunque hacia el final denuncia algunas cosas de Occidente, lo hace de tal modo que pasa casi inadvertido, mientras que la constante de todo el filme es la ridiculización de los musulmanes y de sus líderes. Todo se hace para reducirlos, en las mentes de los espectadores, a un status inferior al humano, para que cuando se lleven a cabo los genocidios, los pueblos occidentales contemplen impasibles el exterminio de pueblos enteros, como hace Israel con Palestina. La lista de la manipulación sería interminable: va desde la película “300” (quien quiera detalles de por qué, que me los pida por esta vía del blog) hasta esta “El Dictador”, pasando por muchas otras.
    Saludos

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