Una lágrima en la mejilla del tiempo

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Claudia Fonseca Sosa

En la ciudad de Agra, a orillas del río Yamuna, se halla una de las construcciones humanas más visitadas del planeta: el Taj Mahal. Ícono de la cultura india y universal, el imponente conjunto ha llegado a recibir a diario unas 40 mil personas.

Y es que el tiempo aún no ha logrado disminuir su belleza original, como lamentablemente ha sucedido con otras obras arquitectónicas de similar magnitud. El mármol blanco que lo edifica y los impresionantes detalles que adornan sus paredes lo convierten en uno de los monumentos más emblemáticos del arte mogol, estilo que combina elementos islámicos, persas, hindúes e incluso turcos.

El Taj —como lo llaman los nativos—, ha logrado especial notoriedad por el carácter romántico de su inspiración. En 1983 fue reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio de la Humanidad, y tiempo después fue incluido en la lista de las siete nuevas maravillas del mundo moderno.

Su construcción data del año 1631, fecha en la que el emperador musulmán Shah Vahan perdió a su esposa Arjumand Bano Begur, quien falleció al dar a luz a su decimocuarto hijo. Por tanto, el Taj es un homenaje póstumo y muestra de amor a quien fuera “la elegida del palacio”.

La tumba propiamente dicha, de más de 73 metros de altura, está decorada con inscripciones coránicas y relieves escultóricos, y fue concluida en 1643. Se alza sobre un podio cuadrado con un minarete en cada esquina, y está flanqueada por una mezquita y un jawab, edificio sin otro uso que el de equilibrar la composición.

El jardín que le precede mide 300 metros de ancho, está dominado por un gran estanque central y se abre al exterior por una puerta monumental. Cerca de él se agrupan otras mezquitas y los nichos del resto de las esposas.

Según cuentan, al poco tiempo de terminar la obra, el emperador se enfermó gravemente y fue sustituido por su hijo, quien muy pronto lo obligó a permanecer en arresto domiciliario en el cercano Fuerte de Agra (conjunto arquitectónico con forma de media luna, una altura de 20 metros y una muralla de 2,4 kilómetros desde donde se ve el Taj), amenazándolo de muerte.

Antes, el emperador había pretendido erigir otro mausoleo idéntico al Taj pero con mármol negro, que ubicaría en la ribera opuesta del Yamuna. Las bases inconclusas de ese proyecto pueden verse hoy al margen del río, aunque estudios arqueológicos recientes desmienten esta hipótesis y plantean que lo que en realidad pensaba construirse allí era un jardín.

Otra leyenda popular dice que Shah Vahan hizo que les cortaran las manos a los 20 mil obreros que participaron en la construcción del Taj, “para que jamás se viera otra obra igual”.

Desde 1985 se han venido observando inconvenientes en la estabilidad estructural del mausoleo, incluyendo la inclinación paulatina de los altos minaretes. Las principales causas parecen ser la progresiva desecación del cauce del Yamuna, que ha modificado el tenor de humedad del suelo y su capacidad de absorción. De ahí las noticias divulgadas por los medios con titulares como ¡Se hunde el Taj Mahal!

Se ha denunciado también el creciente deterioro de los mármoles del Taj, a causa de la contaminación ambiental. Las emanaciones industriales en la atmósfera producen la acumulación de una pátina que corroe las superficies del monumento. Por lo que se ha restringido el tránsito vehicular en las cercanías del complejo, mientras se estudian otras medidas de conservación.

No obstante, visitar el Taj Mahal sigue siendo una experiencia única. Pues, como dijera en una ocasión el poeta Rabindranath Tagore, contemplar de cerca su hermosura es como presenciar una lágrima en la mejilla del tiempo.

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6 respuestas a Una lágrima en la mejilla del tiempo

  1. Juan Joisé Rabilero Fonseca dijo:

    Felicidades por tu visita al Taj Mahal y sobretodo por tú escrito, pero sería importante que didas que esa turista no eres tú,eres más bonita. No le hagas caso a Mario. Conozco eres muy revolucionaria, muy patriota. Juan José

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  2. Mario dijo:

    Que alegria verte de nuevo en el camino. Pense que te habian eliminado por permitir comentarios “diversionistas”. Ojala que seas una muestra de un fin de la censura y el monologo.

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  3. rob dijo:

    Que interesante, Gracias Claudia

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  4. Mario dijo:

    Que lindo es viajar!. ¿Me explico?

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  5. Orlando dijo:

    El Taj, es una joya de la arquitectura india. Gracias por darla a conocer, ampliamos nuestro campo cultural con tu escritura, Claudia.

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