China: con el pueblo de protagonista

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Claudia Fonseca Sosa

China no solo apasiona por sus éxitos económicos y los contrastes en sus paisajes, don­de se funden lo tradicional y lo moderno. La alegría de su gente y la voluntad de continuar llevando adelante un modelo de desarrollo único en el mundo, dejan al visitante con deseos de regresar.

La sociedad china es muy hospitalaria y amigable. Ya sea en un elegante rascacielos de Beijing o en una modesta casa de Shandong (sur), el anfitrión siempre recibe con sonrisas al extranjero que no puede comprender cómo en apenas 35 años una nación con serios problemas de desarrollo pudo devenir la segunda economía del mundo.

Se dice que la China actual ha sabido adecuar las reglas del mercado a sus condiciones y necesidades concretas. Pero al visitante que arriba al gigante asiático y solo conoce lo que publica la “gran prensa occidental”, lo que más le  impresiona es que en el afán por sacar al país del subdesarrollo, el Gobierno chino no ha pasado por alto las necesidades básicas del pueblo trabajador, al que consideran protagonista del éxito.

Aunque el boom económico relegó algunos sectores de la sociedad y abrió brechas en el desarrollo de unas regiones con respecto a otras, los logros sociales en el país más poblado del mundo son ostensibles. Más de la mitad de la población actual (estimada en 1 300 mi­llo­nes) ha salido de la pobreza, mientras los niveles de ingresos per cápita y otros indicadores de calidad de vida siguen aumentando.

El visitante constata que la mayoría de los chinos vive mucho mejor que sus ancestros, pues el acceso a los servicios de vivienda, salud y educación se ha multiplicado y las oportunidades de empleo también crecen.

Las personas con discapacidad y los adultos mayores cuentan con sistemas de pensiones y ayudas del Gobierno, así como con centros comunitarios donde pueden vincularse al arte y el deporte.

Los avances tecnológicos impactan en el modo de vida de la población china, beneficiaria de un sistema satelital propio que lleva a todos los hogares las novedades de las infocomunicaciones, de una hidroeléctrica —las Tres Gargantas— que es la mayor de su tipo en el orbe, y de una impresionante red de trenes rápidos que interconecta las distintas regiones del cuarto país más grande del mundo.

En las últimas tres décadas, la estructura demográfica china ha variado como consecuencia de las migraciones desde el campo hacia las ciudades. En tanto, el Gobierno ha impulsado un gigantesco plan de urbanización que prevé la flexibilización del hukou o registro de residencia permanente para ampliar el acceso de los migrantes a los servicios básicos y el seguro social en las ciudades.

Asimismo, el Gobierno modificó la célebre política del hijo único y  pretende reformar los mecanismos de distribución de ingresos en todo el país, en respuesta a la preocupación popular por la disparidad de la riqueza como efecto del acelerado desarrollo económico.

Beijing trabaja para duplicar en el 2020 el ingreso real promedio de los residentes urbanos y rurales con respecto al nivel del 2010, y para permitir que las retribuciones de los más vulnerables crezcan con mayor celeridad.

Fuentes oficiales aseguran que el grupo de ciudadanos con ingresos medios será ampliado y el número de los que aún viven por debajo de la línea de pobreza se reducirá drásticamente, mientras que los ingresos excesivamente elevados u ocultos serán ajustados y regulados.

La aspiración es construir una sociedad “modestamente acomodada”. Según las máximas autoridades chinas, “una distribución de ingresos más justa es fundamental para garantizar la igualdad y la justicia, así como la estabilidad social y la armonía”.

Desde 1979 el modelo de desarrollo extensivo aplicado en China —que le permitió acumular un superávit de varios billones de dólares— descansaba en el fomento de la inversión extranjera y la exportación. Hoy se busca un crecimiento más intensivo, con énfasis en las aplicaciones de la ciencia y la técnica en los procesos de producción y en la construcción de una civilización ecológica y sostenible para las futuras generaciones.

La profundización actual de la reforma china busca redirigir su modelo de crecimiento hacia el consumo interno —el país tiene el mayor mercado del mundo, ahora con más capacidad adquisitiva—, y reducir su dependencia del exterior, fundamentalmente de los efectos de las fluctuaciones en el sector financiero global.

En su cumpleaños 65, la República Popular China avanza hacia sus metas con propósitos bien definidos y contando siempre con el protagonismo de su pueblo.

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